La fábula del charro y el compadre

image No tiene la culpa el sindicato charro, sino el que lo hizo compadre. Ahora resulta que tener buenas prestaciones laborales es un pecado sindical. No; si las prestaciones del Sindicato Mexicano de Electricistas eran excesivas es un problema del administrador de la empresa, es decir del gobierno. El objetivo del sindicato es buscar las mejores condiciones de trabajo. Si pedía absurdos y le concedían absurdos era, en el mejor de los casos, una complicidad, con la diferencia de que el obligado a velar por los intereses de los trabajadores estaba haciendo bien su chamba, mientras que el encargado de velar por los intereses de la empresa fue el que la hizo mal.

El sindicalismo en este país fue cooptado por el Estado en tiempos del partidazo. Hoy, cincuenta años después, el Estado está cooptado por los sindicatos. La función primordial de los sindicatos en la segunda mitad del siglo XX no fue velar por el bienestar de los trabajadores, sino por la estabilidad social del sistema. No pocos aplaudieron esta labor de los grandes líderes charros (con don Fidel como figura emblemática). Los líderes sindicales eran un elemento central de la estabilidad política. No había mesa importante, fuera de negociación, celebración o concertación, donde no estuvieran representantes de los sindicatos (que no de los trabajadores). El SME, tal como lo conocemos ahora, es fruto de un pacto político de la terna Salinas-Colosio-Zedillo, que no tuvieron empacho en hipotecar las finanzas públicas a cambio del apoyo político del Sindicato. Ya entonces la empresa era insostenible e inviable. Lo que hicieron fue prolongar la agonía de la empresa Luz y Fuerza del Centro y aumentar el costo para el país, a cambio de la continuidad del PRI por unos años más.

image La decisión de liquidar la empresa es la correcta, de eso que no nos quede la menor duda. Lo debieron haber hecho Salinas, Zedillo y con más razón Fox. Los dos primeros se beneficiaron de no hacerlo; Fox simplemente no se animó. La razón por la que se debe liquidar a la empresa es inviabilidad económica, punto. Si no se había hecho antes era por razones políticas. Es decir, la empresa existía por razones ajenas a su naturaleza y eso nos costaba a todos. Por supuesto que Calderón, que está corriendo el riesgo político del cierre de Luz y Fuerza, y está esperando también un beneficio político de la decisión por el apoyo de algunos sectores, pero eso no cambia el hecho fundamental: cerrar la empresa era una decisión que había que tomar.

La pregunta de fondo en todo caso es qué hacemos con el sindicalismo mexicano. Nuestra economía es un banquito de tres patas: gobierno, empresarios y trabajadores. Si bien podemos coincidir en que las tres patas esta churidas y ninguna funciona como debiera, lo cierto es que la más débil es la pata trabajadora, y esto se debe en gran medida a un sindicalismo sui géneris que durante muchos años se confundió con la pata gubernamental. En el “tú y yo somos uno mismo”, porque el gobierno es de los trabajadores y los trabajadores eran del partido en el gobierno, nunca hubo una verdadera representación laboral a través de los sindicatos.

La liquidación de la empresa, y por tanto del Sindicato Mexicano de Electricistas, hizo que todos volteáramos a ver los absurdos sindicales, lo charro de sus líderes, y los lujos de sus dueños. La pregunta obvia es cuándo y cómo le seguimos con el sindicato de maestros, el de los mineros, o el de los petroleros. Todos son sindicatos que nos cuestan muy caros como país y que son un lastre para el desarrollo. Pero aunque todos son del mismo barro, a unos sí les dan trato de jarro.

El pacto que hizo Calderón con la maestra Gordillo en la elección de 2006 no es muy diferente al que hicieron los priistas con el SME en los noventa. ¿Con qué fuerza, cara o intención va a atacar el gobierno calderonista al monopolio político y económico que le significa a la maestra Gordillo el SNTE, nada menos que el sindicato más grande de América Latina? ¿Cuánto le ha costado al país en términos económicos, pero sobre todo de educación y desarrollo, ese monopolio sindical? Todo. Mucho más que los 25 mil millones anuales de Luz y Fuerza. Más aún, ¿cuánto le ha costado a este país la falta de un sindicalismo independiente, inteligente y que realmente represente los intereses de los trabajadores? Es difícil de cuantificar, pero sin duda una de las causas de la falta de desarrollo de las clases medias de este país, y por lo tanto del mercado interno, está en el sindicalismo charro. Los sindicatos charros resultan muy cómodos a la hora de negociar, pero son un lastre para el desarrollo.

En el dicho del indio y el compadre, la culpa nunca es del indio, eso es parte fundamental del paternalismo mexicano. Pero en la fábula del sindicato charro y el compadre, lo de menos es de quién es la culpa, sino justamente lo perjudicial del compadrazgo.

diego.petersen@milenio.com

Fuente: http://impreso.milenio.com/node/8658415

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